ACERCA DE LA OBRA DE
MARÍA EUGENIA JIMÉNEZ MELO.

POR: MANU MORENO ÁLVAREZ.

Si hacemos una revisión amplia de la obra de pintores mexicanos que identificamos como contemporáneos, nos encontraremos con una serie de elementos que nos hablan en mucho por dónde van los derroteros del arte nacional en la era global.

Los lenguajes, necesariamente diversos de la pintura de ciertas ciudades, hacen un gran relato de su tiempo y su espacio. Algunos enuncian significados que no coinciden con realidades históricas desveladas. Intentando transfigurar y configurar relatos de tiempos pasados que han perdido valor y vigencia, re-presentando “realidades” de insoportable idealismo. Otros lenguajes plásticos, son directos con sus consignas y algunas veces certeros, nos muestran una incomodidad expresada en colores, texturas, lenguajes formales, signos y demás elementos exactos o relativos a los que puedan recurrir, no se limitan, hacen uso del humor y la ironía o, incluso, del reclamo más legítimo, es la pintura politizada que intenta penetrar en nuestra mirada, para cambiar una escurridiza consciencia estética y por lo tanto política.

Asimismo se dan otros movimientos o estilos que prefieren declarar su lugar de enunciación desde una intimidad que sirve a manera de trinchera y colofón de la consciencia de su labor de artista, de sujeto sujetado al tiempo pero no ya al espacio; quizás, un artificador de objetos que aspiran a no perecer en el tiempo y que no pertenecen en su naturaleza a este mundo. Estas formas de hacer son las que podemos acusar de esa manoseada dinámica local/global, donde, omnipresente, está pero no está, se da sin darse y es sin terminar de ser…

Los lenguajes del corpus estilístico y temático de estas tendencias o, si se quiere, movimientos, recurren en su mayoría a aquellas vanguardias y movimientos de renovación, donde el pigmento no es sólo el recurso para transmitir el mensaje sino que ya es el mensaje en sí mismo. La obra es la configuración del motivo y del sentido, de la reflexión y el sentimiento, tomando forma y figura, enunciamiento y simbolismo a partir de su propia posición política.

Justo de esto hablamos cuando nos referimos al trabajo casi secuencial de María Eugenia Jiménez Melo presentado en esta página personal.

Para revisar y tratar de entender el trabajo de esta artista es necesario partir de esta lógica; la de entender que Maru es en esencia una artífice de lienzos (cosas y trozos de un todo espacial) que hacen de tratamiento de problemas específicos de su tiempo. Por ejemplo, la serie Puebla Babel, en la que claramente ella hace una referencia del tipo antropológico, y donde la preocupación toma forma en un conflicto del tipo figurativo y evocativo. Esta colección nos habla de finales de la década de los 90s, donde es evidente que una novel pintora tiene sobre sí, quizás un proceso de asimilación de la importancia y de la consciencia primera en los cambios agresivos de la llamada globalidad. Puebla Babel sostiene en sus rasgos los aspectos tradicionales de la pintura poblana: forma, saturación, figuración, reminiscencia y relación casi literal del sentido estético barroco, pues podemos identificar signos claros de la idiosincrasia de la ciudad: un vitral, un paisaje casi costumbrista pero en deconstrucción. Asimismo el caos de la mente creativa posmoderna que se alimenta ya de datos y de referencias del mundo contemporáneo, generando en mucho hermosos y poéticos pastiches.

Para Semillas e Islas la pintora presenta una evolución de concepto. Va más atrás de lo que Puebla Babel representaba. Va justo a identificar el cimiento y la individualidad; hurgan en qué fue lo que se albergó en ella, y quién sembró esa semilla emotiva y sensitiva que se expresa en trazos y manchas, en formas y pensamiento creativo que configura la individualidad. En Semillas podemos ver por fortuna una vertiginosa evolución, donde un lirismo pictórico se expresa en el espacio a transformar: el lienzo se entiende ya no como un soporte sino en espacio para expandir ideas que aparecen en cada brochazo. Islas por su lado expresa una idea de emancipación del sujeto, soy isla y pertenezco al gran archipiélago, ¡vaya!, estamos en el momento naciente del sujeto local/global. En estas dos series la pintora ha depurado ya la forma y empieza a elegir su gama cromática, identificada con colores emotivos, llenos de nostalgia. Estas series son quizás el punto de partida de lo que hoy entendemos como Maru Jiménez Melo, la pintora.

La era contemporánea toca con suavidad a la pintora y la artista. Esto podemos verlo en sus siguientes series: Bipolar, PB 97.07.10 y Raising the meaning, donde las resoluciones plásticas –de indudable calidad y con una depuración formal evidente en el corpus— dan paso a una latente fuerza de las ideas y la conceptualización de la forma misma. La pintura de Maru se enriquece, ya no sólo nos importa su calidad plástica sino sobre todo la personalidad que adquiere. Deja los exotismos barrocos para construir una personalidad mucho más intelectualizada. La artista desde su posición como mujer, como mujer pintora, como mujer en un espacio específico, se enuncia. Nos habla más de cerca, más en lo particular y plantea una interlocución que exige respuestas del espectador. A esta pintura le interesa eso, interpelar a un sujeto que no sólo contempla sus lienzos. El corpus de su obra nos muestra influencias globales, surgen otros colores, otras tonalidades, incluso otras formas. Pero la base, los cimientos, las semillas siguen expresando una personalidad en búsquedas intelectuales que no sólo han refinado sus pinceladas sino depurado sus búsquedas.

 

MANU MORENO Maestro en Estética y Arte por la BUAP.

 Curador independiente, crítico de arte y asesor artístico